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martes, 07 de septiembre de 2010
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Intuición Moral y Ciudadana PDF Imprimir E-Mail
escrito por juan baquerizo   
martes, 28 de agosto de 2007

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Este ensayo enfoca los asuntos que me parece conforman el problema central, y por tanto la oportunidad, del barrio de La Mariscal. Si bien se esboza de manera amplia una serie de acciones que podrían parecer una solución, la propia naturaleza dinámica de un espacio que se construye a diario la invalida en tal sentido, pero el ejercicio si podrá servir de base para que una meta solución dinámica se autoconfigure  a medida que progresa la sociedad mariscaleña y quizá el mayor aporte sea hacer transparente a los ciudadanos que la componen, propios y flotantes, en que consisten tales asuntos , que son obstáculos serios y que al reconocerlos se cumple una condición necesaria, aunque no suficiente, para el progreso. 

De forma evidente, el mayor de los inconvenientes que se presenta es como enfocar el viejo dilema de reconciliar la posición de la colectividad con la posición del individuo, que no es otro que tratar de sentar en una misma mesa dos puntos de vista presentes en cada mariscaleño, uno personal y otro impersonal; Este último es en definitiva el que atiende a las demandas de los otros, vecinos, comerciantes, inversionistas y utiliza como herramienta la moralidad pública y privada para buscar resolver las situaciones.  

En la actualidad, el punto de vista personal priva sobre el impersonal, y por tanto La Mariscal es zona de conflictos y de convergencias coyunturales para beneficiar perspectivas individuales. Así las cosas, todos los esfuerzos deben enfocarse a sensibilizar al individuo mariscaleño a equilibrar su punto de vista personal con el impersonal, y logrado esto de forma continua podría garantizarse que los acuerdos sociales que gobiernen la vida en el espacio mariscaleño, estén siempre diseñados dentro del equilibrio del individuo consigo mismo y por tanto con  la comunidad. Esta arista del proyecto yo la llamaría “Cómo vivir juntos”, que de forma evidente es algo que todavía no sabemos los mariscaleños. A través de normativas municipales y gubernamentales interpretadas en la mayoría de los casos por funcionarios      cuyo cuadro de ascenso esta íntimamente ligado a la notoriedad de sus actos, se ha tratado de normar la convivencia en el barrio, convirtiéndolos en una suerte de césares, que llenos de poder indican y deciden entre lo correcto y lo incorrecto. Estos funcionarios, que también en este proceso están sometidos a la terrible lucha interna entre lo personal y lo impersonal como se mencionaba anteriormente, deben ser individuos a los cuales hay que integrar extensivamente a este nuevo acuerdo moral para vivir juntos, con lo cual no solamente se eliminaría el autoritarismo que es la ley que rige, sino que en lo particular estaríamos todos construyendo un nuevo funcionario municipal, y gubernamental, que trabaja en tranquilidad de conciencia y en conjunto con sus contrapartes ciudadanos vecinos. Este acuerdo moral, podría correr el riesgo de volverse utópico si es admirable pero no sustentable, de hecho la ilusión de hacerlo posible ha motivado innumerables reuniones grandes y pequeñas a lo largo y ancho del barrio para tratar de establecerlo, pero los resultados han sido siempre diferentes a lo esperado, básicamente porque de forma constante la comunidad trata de colocar una horma al individuo que se resiste a alinearse a patrones preconcebidos,  y desafortunadamente lanza estos esfuerzos al extremo contrario y genera un mariscaleño que vive y ejerce un cruel y ciego realismo. Las vías que yo sugiero para la constitución de tal acuerdo moral están enmarcadas en el uso extensivo de la intuición moral que nos dice en particular las cosas que sabemos incorrectas aun a pesar de no saber con exactitud que es lo correcto; Así como también establecer el juicio impersonal, es decir mirar sin sesgo personal las oportunidades y realidades del barrio hasta lograr un consenso político que sea suficientemente bien visto por la comunidad, con lo cual se volvería legítimo.  Siendo legítimo, a través del rediseño institucional debe garantizarse el manejo imparcial de las decisiones, con lo cual se eliminaría otro de los grandes inconvenientes que vive el barrio y que no es otro que la discrecionalidad del funcionario de turno, normalmente basado en su propia perspectiva personal, y por presiones que involucran sentimientos de estima y que en lo general buscan establecer una justicia de facto para equilibrar su cadena de decisiones previas, muchas veces perjudicando al mismo a quien desean favorecer. 

LA MARISCAL, es posible.PROTOTIPO DE UN PAÍS.  Mi yo propongo,Juan S. Baquerizo B.I.                  VISION PRELIMINAR Este ensayo enfoca los asuntos que me parece conforman el problema central, y por tanto la oportunidad, del barrio de La Mariscal. Si bien se esboza de manera amplia una serie de acciones que podrían parecer una solución, la propia naturaleza dinámica de un espacio que se construye a diario la invalida en tal sentido, pero el ejercicio si podrá servir de base para que una meta solución dinámica se autoconfigure  a medida que progresa la sociedad mariscaleña y quizá el mayor aporte sea hacer transparente a los ciudadanos que la componen, propios y flotantes, en que consisten tales asuntos , que son obstáculos serios y que al reconocerlos se cumple una condición necesaria, aunque no suficiente, para el progreso. De forma evidente, el mayor de los inconvenientes que se presenta es como enfocar el viejo dilema de reconciliar la posición de la colectividad con la posición del individuo, que no es otro que tratar de sentar en una misma mesa dos puntos de vista presentes en cada mariscaleño, uno personal y otro impersonal; Este último es en definitiva el que atiende a las demandas de los otros, vecinos, comerciantes, inversionistas y utiliza como herramienta la moralidad pública y privada para buscar resolver las situaciones. En la actualidad, el punto de vista personal priva sobre el impersonal, y por tanto La Mariscal es zona de conflictos y de convergencias coyunturales para beneficiar perspectivas individuales. Así las cosas, todos los esfuerzos deben enfocarse a sensibilizar al individuo mariscaleño a equilibrar su punto de vista personal con el impersonal, y logrado esto de forma continua podría garantizarse que los acuerdos sociales que gobiernen la vida en el espacio mariscaleño, estén siempre diseñados dentro del equilibrio del individuo consigo mismo y por tanto con  la comunidad. Esta arista del proyecto yo la llamaría “Cómo vivir juntos”, que de forma evidente es algo que todavía no sabemos los mariscaleños. A través de normativas municipales y gubernamentales interpretadas en la mayoría de los casos por funcionarios      cuyo cuadro de ascenso esta íntimamente ligado a la notoriedad de sus actos, se ha tratado de normar la convivencia en el barrio, convirtiéndolos en una suerte de césares, que llenos de poder indican y deciden entre lo correcto y lo incorrecto. Estos funcionarios, que también en este proceso están sometidos a la terrible lucha interna entre lo personal y lo impersonal como se mencionaba anteriormente, deben ser individuos a los cuales hay que integrar extensivamente a este nuevo acuerdo moral para vivir juntos, con lo cual no solamente se eliminaría el autoritarismo que es la ley que rige, sino que en lo particular estaríamos todos construyendo un nuevo funcionario municipal, y gubernamental, que trabaja en tranquilidad de conciencia y en conjunto con sus contrapartes ciudadanos vecinos. Este acuerdo moral, podría correr el riesgo de volverse utópico si es admirable pero no sustentable, de hecho la ilusión de hacerlo posible ha motivado innumerables reuniones grandes y pequeñas a lo largo y ancho del barrio para tratar de establecerlo, pero los resultados han sido siempre diferentes a lo esperado, básicamente porque de forma constante la comunidad trata de colocar una horma al individuo que se resiste a alinearse a patrones preconcebidos,  y desafortunadamente lanza estos esfuerzos al extremo contrario y genera un mariscaleño que vive y ejerce un cruel y ciego realismo. Las vías que yo sugiero para la constitución de tal acuerdo moral están enmarcadas en el uso extensivo de la intuición moral que nos dice en particular las cosas que sabemos incorrectas aun a pesar de no saber con exactitud que es lo correcto; Así como también establecer el juicio impersonal, es decir mirar sin sesgo personal las oportunidades y realidades del barrio hasta lograr un consenso político que sea suficientemente bien visto por la comunidad, con lo cual se volvería legítimo.  Siendo legítimo, a través del rediseño institucional debe garantizarse el manejo imparcial de las decisiones, con lo cual se eliminaría otro de los grandes inconvenientes que vive el barrio y que no es otro que la discrecionalidad del funcionario de turno, normalmente basado en su propia perspectiva personal, y por presiones que involucran sentimientos de estima y que en lo general buscan establecer una justicia de facto para equilibrar su cadena de decisiones previas, muchas veces perjudicando al mismo a quien desean favorecer.


 

II.                ATERRIZANDO LA INTUICION MORAL Conversar con el individuo mariscaleño, lo cual es extensible al ciudadano ecuatoriano en general, siempre trae a flote lo débil que se encuentra la institucionalidad debido fundamentalmente a que no es coherente con la intuición moral y por tanto la vuelve ilegítima, y eso abre los espacios para que reinen los intereses personales, para que la corrupción sea la posibilidad obvia y naturalmente se vaya haciendo sedimento en el interior de cada individuo una frustración que lo obliga a debatirse permanentemente entre el camino fácil que es aprovechar estas debilidades institucionales o tratar de no “ contaminarse” y seguramente terminar aun mas frustrado ante la propia interpelación y la de los otros. Desde hace largo tiempo se ha tratado en mas o menos profundidad y en distintos escenarios la realidad mariscaleña, desde las primeras reuniones de vecinos que buscaban hace mas de una decena de años que el barrio no perdiera su naturaleza residencial hasta las reuniones actuales que buscan ese equilibrio entre lo residencial y lo comercial, sin lograr respuesta a “ Cómo vivir juntos?”. Esta dialéctica de larga data, ha construido de forma incipiente pero interesante una conciencia, un alma que tiene intuición moral. Esta incipiente intuición moral, debe ampliarse acogiendo las perspectivas de sus ciudadanos e invitándoles al mismo tiempo a usar un juicio impersonal en sus opiniones.  En el año 2006, ocurrieron una serie de hechos que son sustantivos y que no han sido aprovechados ni por la comunidad ni por la autoridad municipal ni gubernamental. Uno de ellos y quizás el mas representativo sea la decisión de voluntad política del alcalde de dar fuerza a través de una ordenanza a la creación del Comité de Desarrollo de La Mariscal, que tiene como objetivo primario la planificación del desarrollo de este espacio y que de forma inédita y esperanzadora en el país establece una suerte de co-gobierno entre la comunidad y la autoridad municipal. Es un primer y fundamental triunfo a los esfuerzos de participación ciudadana, pero que lamentablemente y por falta del rediseño de la institución municipal y por la fuerte presencia del punto de vista personal en el barrio entro a formar parte del inventario de grandes oportunidades archivadas, pero rescatables. De igual forma se decreto un ordenamiento territorial, que pretendía hacer más coherente la realidad del barrio con las leyes de uso de suelo vigentes. Si bien es un esfuerzo que se hacia necesario y urgente, la aplicación ha sido blanda y apegada al punto de vista personal de los funcionarios de la institución municipal. Mi opinión es que aprovechando el espacio del Comité de Desarrollo de La Mariscal ( CDM) , debería de forma inmediata producirse las políticas que recojan el acuerdo moral que sea legítimo por contar con la aceptación general de la comunidad, y empezar entonces también de forma urgente y ordenada a ejecutar de forma imparcial y por tanto igualitaria las acciones que aseguren el progreso de La Mariscal, y como se mencionaba en el punto I., permita establecer una “ forma nueva de hacer las cosas” que terminará en el futuro generando una herramienta dinámica válida de aseguramiento de la convivencia positiva.


 

III.             PLAN DE ACCIÓN PARA CIUDADANIZAR El mariscaleño, que es todo aquel que vive o tiene intereses permanentes en La Mariscal, necesita un medio para poder expresar su punto de vista, su intuición moral, de forma sencilla y diáfana sin temor a molestar ni ser molestado por sus expresiones.  Es importante advertir, que el CDM debería estar conformado y liderado por ciudadanos que reúnan la mas alta capacidad de juicio impersonal y conocimiento de La Mariscal, tanto en representación del barrio como los representantes de la institución municipal, porque será este equipo el encargado de ensamblar el acuerdo moral que luego será en segunda instancia legitimado por la propia comunidad. El CDM debería por tanto a renglón seguido y patrocinado por la institución municipal, crear el medio que permita recoger estas expresiones, no de forma general sino enmarcada en los puntos que son prioritarios para la vida y la convivencia. Para ello debería emplearse medios tecnológicos que ayuden a la misma comunidad a entrar en un nuevo ciclo de modernidad y progreso, sin dejar de lado otras vías para cubrir el mayor rango posible de puntos de vista de los mariscaleños. Cerrado el plazo de tiempo para recoger las diversas expresiones de intuición moral de la comunidad, debería el CDM, redactar el acuerdo moral que no es otra cosa que una serie de políticas que no cubrirán todas las expectativas desde el punto de vista personal de cada uno de los ciudadanos mariscaleños, pero que desde el punto de vista impersonal logrará la aceptación general de la comunidad, y se convertirá en la carta de filosofía del barrio y el faro desde donde se desarrollaran los planes concretos para el mismo. Este esfuerzo que debe ser concreto es, aun cuando parezca distinto, fácil y rápido de ejecutar, fundamentalmente porque el mariscaleño esta sensibilizado por efecto de los cambios urbanísticos que se han sucedido a gran velocidad convirtiéndolo de facto en el centro de turismo y entretenimiento de la capital ecuatoriana, así como por la cantidad de elementos que dificultan la vida cotidiana como son la inseguridad, el desorden en el crecimiento y la incertidumbre. Este primer y básico procedimiento dinámico  permitirá no solamente la creación del acuerdo moral de La Mariscal, sino que convertirá de forma continua a los habitantes en ciudadanos.


 

IV.              LOS BENEFICIOS PARA EL CIUDADANO Se debe buscar a toda costa, que todo el acuerdo moral ya legitimado no sea papel escrito y archivado, porque eso decretaría la muerte no solamente del intento sino que haría exponencial el realismo cruel que rige La Mariscal en estos momentos, y justificaría el que cada individuo haga uso de su poder para favorecer sus propios intereses, quedando para el menos poderoso el altruismo del vecino o el favor del funcionario como única y última oportunidad de pertenecer al progreso del barrio. En tal sentido, yo propongo un plan integrador que permita la reconversión del barrio a un espacio de calidad cuya cancha este delimitada por el acuerdo moral, y donde la capacidad técnica de la institución municipal, la apertura del vecino residente, comerciante e inversionista a las mejores cosas que ofrece el mundo global y a la capacitación, y la democratización del crédito a través de por ejemplo la Corporación Financiera Nacional debería en un corto lapso de tiempo reconvertir este barrio en un ejemplo sustentable de espacio con calidad de vida, igualitario y generador de riqueza a través de la excelencia en su planificación para el turismo y el comercio y por supuesto en un ejemplo a seguir por otras comunidades y por el país mismo en su conjunto. Voy a exponer un ejemplo concreto de aquello, para que el mariscaleño pueda ensoñar esta alternativa:  Uno de los elementos que en mayor medida mortifica al mariscaleño es la inseguridad. Los organismos como policía y municipio aseguran continuamente que si bien existen hechos delictivos es mas la sensación de inseguridad que el peligro real, pues las estadísticas arrojan mejores resultados que en otros sitios del país y el mundo. Como es evidente, tales estadísticas no le están dando una respuesta satisfactoria al mariscaleño y es aquí donde comienza a funcionar la intuición moral que le dice al ciudadano  que algo anda mal, aun cuando no sabe exactamente que hacer, como se origina y donde esta la solución, de hecho ni siquiera le importan tales estadísticas, solo es su intuición moral al que le indica que algo malo esta pasando.  No se debe dar la espalda a esta intuición, por el contrario debe recogerse y reconocer que el problema no queda resuelto sino cuando la intuición moral nos dice que las cosas están bien, por tanto dejan de ser legítimos los cuadros que presenta la policía nacional de control de la delincuencia, del plan mariscal, del plan por cuadras, etc etc, así como también quedan sin legitimidad los deseos de ordenamiento de calidad por parte del municipio, pues la intuición moral general sigue diciendo que algo anda mal. El acuerdo moral debe decir con claridad y sin utopía qué nivel de seguridad queremos para nuestro barrio, es decir en qué nivel la intuición moral de la comunidad siente que las cosas están bien. Asumiendo cierto, para el ejemplo, que tal nivel significa una seguridad integral que incluye la calidad de los comercios, el manejo ambiental responsable y el control de la delincuencia mas obvia que requiere de la voluntad seria política y policial, la cancha queda delimitada. El ciudadano Pedro, al cual toda la comunidad conoce como un vecino de bien y dueño de un local comercial que no cumple con lo establecido en el acuerdo moral, en vez de ser perseguido y castigado, debe ser integrado a este acuerdo moral utilizando para ello las herramientas de las que se disponen.  En este ejemplo, Pedro debería ver mejorado su local a través de la actuación de toda la sapiencia técnica de las corporaciones municipales como FONSAL, INNOVAR y las que correspondan, lo cual debería decantar en un proyecto que por su propio origen cuenta con todos los permisos que se exijan.  Pedro debería verse beneficiado de la capacitación que de forma integrada debe ofrecerle organismos como CAPTUR, Corporación Metropolitana de Turismo y los que correspondan para aprovechar al máximo su nuevo local. Y de forma también integrada el apalancamiento financiero para este cambio positivo debería venir de instituciones como la Corporación Financiera Nacional que tendrían un candidato de excepción en Pedro para otorgarle un crédito con tasas y tiempos razonables, pues este individuo cuenta con el aval comunitario, el aval técnico, y es parte ya de el acuerdo moral que da garantías amplias de la calidad del individuo y en ultima instancia del crédito mismo. Pedro ahora es un ciudadano mariscaleño, que forma parte del acuerdo moral, que tiene obligaciones que cumplir y que se apropia del barrio, es decir pertenece a La Mariscal y se identifica con este espacio, por tanto se vuelve un agente inmediato de defensa del mismo, no solo desde el punto de vista personal, sino a través del equilibrio entre el yo personal y el yo impersonal que lo compromete con el acuerdo comunitario.  Este ejercicio repetido de forma continua y ordenada, logrará sin duda que La Mariscal no solamente sea segura en función de la satisfacción de la intuición moral, sino que será sustentable y productiva y reproducible.

 

 
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